Servir
Dormí y soñé que la vida era belleza, desperté y descubrí que la belleza de la vida era servir. A lo menos así lo creo, y así quiero elevar la frase a una categoría de plenitud y realismo, y al mismo tiempo atribuirle la suprema expresión del ideal evangélico: no he venido, decía Jesús, a que me sir
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